viernes, 25 de marzo de 2016

SEXO, El Tantra no es sólo SEXO


A lo largo de este tiempo de trabajar con el Tantra he visto muchísimas veces la posibilidad que tiene de desvirtuarse. El Tantra acepta y reconoce el sexo como parte de la exploración “espiritual”, o como me gustaría más decirlo, como parte de la exploración de qué es estar vivos, de qué es la vida. Pero el Tantra nada tiene que ver con técnicas para ensalsar la sexualidad, para tener 14 orgasmos seguidos, ser un Dios en la cama o alargar el tamaño del pene, dado que todas esas son aspiraciones del ego. Y el Tantra se trata de liquidar el ego.

Nuestra cultura ha llevado mucha represión al sexo. Incluso hoy, que pareciera ya no ser tabú, que aparecen mujeres desnudas por doquier, el sexo sigue siendo igualmente tabú que antes. Porque el sexo no tiene que ver con lo que se ve en una película porno, o con esa modelo que desnuda posa en la calle. El sexo es ante todo un vínculo íntimo entre dos personas, donde muchísimas emociones afloran y toman parte.

Por eso el principal objetivo del Tantra es el aprender a tomar consciencia de nuestras propias emociones, de la totalidad de lo que somos.

Desde muy pequeños comenzamos a percibir que hay toda una parte nuestra que es bienvenida por la sociedad. Algunos aprenderán que si son buenos y correctos son queridos, otros lo buscarán siendo violentos, o chistosos, o sumisos, o dominantes... cada niño irá desarrollando su propio mecanismo para que “los padres” o el contexto le brinden su afecto. Entonces, a lo largo del crecimiento de este niño, irá identificándose cada vez más con estas cualidades por las cuales se siente querido, recibido, perteneciente al clan familiar. De la misma manera, comenzará a rechazar todos sus aspectos que la familia y la sociedad vean como negativos. El niño aprenderá a juzgar, aprenderá a juzgarse.

A medida que el tiempo siga transcurriendo, la polarización será cada vez mayor. Habrá toda una parte de sí misma que la persona rechace. Y este rechazo es una experiencia bien concreta: el cuerpo se cierra, es insoportable. Y habrá toda una parte, con la cual la persona se identifica, ante la cual el cuerpo se sienta cómodo y abierto.

El Tantra te dice que a menos que aceptes la totalidad de lo que sos, nunca podrás estar en paz, en silencio, en celebración. Y la totalidad de lo que somos no es sólo esa pequeña porción con la cual nos identificamos. Todo aquello que rechazamos de nosotros mismos, el universo se encarga de traérnoslo a través de nuestros vínculos y nuestras experiencias.

Por ejemplo, yo hasta hace un tiempo -y aún persiste en algunas circunstancias- sentí este rechazo hacia mi cualidad más guerrera. Entonces, el universo se encargó de traérmelo una y otra vez. De chiquito me cagaban a trompadas en el colegio, y yo lo permitía, porque no podía permitir que saliera a la luz mi guerrero interior, mi ira. Siempre reprimí la ira. Incluso de grande, aparecían distintos personajes por facebook que me insultaban por mis actividades “espirituales”. Sólo una vez que acepté que yo también tengo ira, que yo también soy la ira, soy un guerrero, que eso que yo veía afuera y que aparecía en mis vínculos y experiencias era YO MISMO, estas experiencias menguaron. Ahora las reconozco adentro, entonces no hay necesidad de que aparezcan afuera. Y si aparecen, tampoco hay problema, porque puedo convivir mejor con ellas, porque sé que soy también eso, y lo acepto.

Entonces, decíamos que somos algo así como aquello con lo que nos identificamos sumado a nuestros vínculos y nuestras experiencias. Aquello que somos verdaderamente, más allá de nuestra identificación, se revela en nuestros vínculos y en nuestras experiencias.

Por eso trato de decir que el Tantra es muchísimo más que sexo. Porque en la intimidad, cuando realmente estamos cara a cara, mirándonos a los ojos, desnudos, junto a nuestra pareja, saldrá a la luz todo aquello que durante años y años hemos querido descartar, aparecerá la posibilidad de ver lo que realmente somos, más allá de lo que querríamos ser (porque sería un “alivio”). El Tantra nada tiene que ver con ensalsar la sexualidad, sino con descubrirse a través de la intensa energía creativa que trae el vínculo, potenciada aún más cuando la energía sexual entra en movimiento. Se trata de estar abiertos a la totalidad de lo que somos, de aprender que también somos esa ira, somos esa tristeza, somos esa alegría, somos ese placer, somos ese dolor, somos esa incomodidad. Se trata de no rechazar nada de todo esto, sino de reconocernos en todo esto que está sucediendo. Así, la autoimagen queda totalmente destruida. Así, comenzamos a ver que somos mucho más de lo que creíamos.

Este proceso puede ser por momentos insoportable, por momentos podemos sentir la tentación de abandonar la tensión de autoexplorarse. El tema es que, como decía antes, lo que no aceptamos adentro vendrá dado por el “exterior”, comenzando a disolverse la sensación de adentro-afuera que hemos aprendido. Llega un momento en que no nos queda otra que continuar con este proceso de indagación interior.

En la sexualidad, la totalidad de lo que somos está a flor de piel, y la totalidad incluye todas estas cualidades que a veces quisieramos no reconocer como propias, de las que hemos estado hablando. Pero lo son.

Y el Tantra se trata de sincerarse, descubriendo así lo que verdaderamente somos. Y aprender también, con toda la tensión que el cuerpo sentirá, con toda la incomodidad de descubrirnos, a amar ese descubrimiento que día a día vamos haciendo, a amar esto que somos, con todo lo que también se torne insoportable para aquella otra parte nuestra con la cual nos hemos estado identificando tanto tiempo.


Si te acercaste al Tantra sólo para mejorar tu rendimiento en la cama, lamento desilusionarte... porque lo que te espera es una total y absoluta transformación de lo que sos, de tus paradigmas, de tu percepción.

Bienvenido seas a este viaje.

1 comentario: